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La comida como premio o castigo

donuts y dulces

¿Eres consciente de las veces que utilizas la comida con fines no nutricionales? Quizás no te hayas dado cuenta, pero muchas veces la usamos no para alimentarnos sino como chantaje emocional que nos hacemos a nosotros mismos (y a los demás) para premiarnos o castigarnos.

Un ejemplo de ello es cuando nuestros hijos se portan bien y les premiamos con golosinas/helado o cuando llegamos a un peso límite y decidimos castigarnos con el fin de bajar unos kilos.

Somos testigos de su constante uso en televisión, publicidad, cine, etc. ¿Cuántas veces hemos visto a un personaje televisivo comiéndose un gran bote de helado, tras una ruptura amorosa? O los anuncios publicitarios, incitándonos a consumir ciertos productos para tapar así muchas emociones.

Comer chocolate cuando he roto con mi pareja o tomarme una botella de vino si he tenido un día duro de trabajo, son premios que nos hacemos para obtener placer sensorial y evadirnos de nuestra realidad, aunque sea por unos instantes, igual que si consumiéramos una droga, de hecho el alcohol y el azúcar son también adictivos.

Pero, ¿estos premios de consolación realmente nos ayudan a pasar un bache? Pues lo cierto es que no. Ese chocolate o esa copa, nos aporta un momento de satisfacción instantáneo (durante la subida de azúcar) que después (en la bajada de azúcar), se transforma en un sentimiento mas profundo de tristeza, desamor o falta de autoconfianza.

En casos de trastornos alimentarios, como la bulimia, esa bajada suele ir acompañada también de culpa.

Tapar emociones con alimentos o bebidas, es algo así como representar eternamente el papel de víctima. Si con el paso de los años convertimos esta conducta en hábito (aplacando eternamente el dolor con comida, en lugar de reflexionar y actuar), estaremos empeorando nuestra salud y alimentando un circulo vicioso de altibajos nada recomendable.

Marta León
Food Green Mood
Foto de Food Green Mood

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